Se escucharía mejor de lo erótico a lo trágico, quizás, pensando en una situación real, supongo una escena erótica con tintes violentos en un desenlace trágico, o una escena erótica seguida de una muerte repentina. Pero no es a lo que me refiero hoy.
Leía, un libro trágico, una novela dramática, si, pero a mi gusto, bastante trágica. Buenos días, tristeza. El título lo ha dicho todo. Yo también me dejé llevar en mi inagotable camino de imaginación cuando leí el título, antes de hojearlo siquiera, pensé muchas cosas. Resulta que es un libro en una edición antigua, perfecto entonces, puesto que adoro ese tipo de libros, páginas amarillas, historias pasadas…cuando veo un libro así lo primero que pienso es cuántas personas más lo han leído, qué pensaban, qué historia tenían ellos mismos para contar. Pues bien, lo leí, no es muy extenso, y como me fue obsequiado con otro, cuando terminé de leerlo, empecé a leer el otro.
Este otro libro, es una novela erótica, en realidad, sumamente erótica, y cuando uno ha leído antes un libro trágico, es algo divertido el cambio. Aún no lo termino, si, es extenso, pero no es tanto la extensión como el tiempo para digerirlo, y me di cuenta de que con este libro en particular…no como nada mientras leo. No me asusta, no soy una mojigata, no me ofende porque en realidad nunca aparece una mala palabra, está escrito de la manera más cordial, en lo posible, claro. Pero cuando uno no está acostumbrado a leer ciertas cosas, se toma su tiempo digerirlas.
Es hermoso el extenso y vasto campo de lectura, hay tantas cosas que aún no leo…pero Memorias de Fanny Hill, me llevará algo de tiempo consumirlo. Sobretodo porque siempre, a media página, recuerdo que tanta imaginación no puede venir sino de algo real.
De lo trágico, he pasado a lo erótico…y quien sabe qué más habrá cruzando la puerta.
lunes, 20 de abril de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
De comidas y lecturas...
Leía ayer a mi hija en voz alta, poemas de Jaime Sabines, y aún leyendo en voz alta necesitaba "mi comida chocolatosa" como le llamo desde que recuerdo, a esas pequeñas colaciones de carbohidratos que hago con mis lecturas..y observé que particularmente, como cosas como chocolate o pan con los poemas, y cosas saladas e incluso picantes con las novelas. Me causó risa mi observación, que no es rigurosa pero sí coincide en muchos casos. Hice una reflexión más profunda de que nunca he preparado algo antes de empezar a leer, no me dispongo psicológicamente a comer, pero al comenzar a hacerlo, me llega el antojo y sin mucha voluntad de abandonar la lectura, me paro, busco rápidamente algo y vuelvo a leer. ¿Es acaso una manía? ¿O le sucede a todos? Puedo concebir la idea de escribir sin comer porque es mas posible, es algo común de hecho; en la escritura uno ocupa tanto la parte racional como la emocional, aun cuando uno tenga bien clara la idea de lo que se escribirá o cuando más bien sea por inspiración divina que uno está escribiendo, se necesitan ambas partes: se necesita también un pequeño estado de inconsciencia aunado a nuestro simple raciocinio para permitirse el delicado arte de plasmar las cosas, quizás por eso es menos probable ocupar una parte más para comer. Escribir es dar un pedazo de tí. Leer es, dicho de una forma burda, tomar un nuevo pedazo para tu ser. Porque lo que lees es tuyo, ya nadie podrá quitarte el recuerdo de lo leído. La diferencia es enorme. Pero no es ese el punto, sino que al escribir me es más fácil olvidarme de la comida, y en cambio, la lectura solo la concibo acompañada de un entremés...
miércoles, 11 de marzo de 2009
Y escribí..
Cuando algo deja de hacerse por mucho tiempo, uno pierde quizas, podrá decirse: la práctica. No escribía por falta de tiempo, alegaba, pero en cualquier momento tenía la inspiración de hacerlo, redactaba en la mente, todas las palabras cruzaban muy rápido, muchas cosas revueltas y muchos temas tratando de flotar para ser el primero cuando yo corriera a tomar un papel de verdad. Nunca lo hice, y se quedaron vagando, sin ser escritas, demasiadas cosas, muchos pensamientos, se fueron con el vapor de la sopa hirviendo que preparaba en ese momento...ahora es distinto, puedo escribir y lo hago feliz, porque sé que al otro lado, alguien a quien quiero mucho leerá todo esto. Es un ejercicio fuerte, me digo para tratar de convencerme y no empezar a escribir sobre las trivialidades de la vida, o sobre las albóndigas que comeremos hoy. Quizás me he vuelto un poco mas "comercial" diría mi hermana, atrás quedaron las buenas historias, los interesantes ensayos o las extensas cartas. Empiezo a creer que no es falta de tiempo, sino de lectores ávidos. Debería recurrir, sin embargo, a los métodos tradicionales, pero no sé si tengo el valor suficiente. Porque aún sigo siendo respetuosa de las hojas en blanco, al grado de que mi hermosa libreta azul ha seguido en blanco por casi un mes.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Lecturas
Empecé a leer, después de mucho tiempo que dejé de hacerlo, por amor más bien a la lectura que a cualquier otra cosa en el mundo. Temiendo que mi nueva condición no me permitiera hacerlo pues los cambios en la vida de las personas suelen ser mal recibidos. Tomé mis precauciones y alguien me ayudó obsequiandome una caja de chocolates belgas. Hay dos delicias en la vida, me dije; convencida de que el placer es momentáneo, son comer y leer. No puedo jerarquizarlas, a veces ni siquiera puedo separarlas y definirlas. Pero olvidaba otra más...y volví para rectificar el error porque eso si, me caracterizo por parecer convincente pero si un día resulta que estoy en un error, lo admito, verifico, corrijo y aprendo de nuevo. Escribir también es una delicia que la vida tiene, como escuchar música o despertar cuando se nos ha quitado el sueño y no cuando hay un aparato sonando a una hora determinada.
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